…no estuvieron de acuerdo en nada, salvo en que hablaban de ese bicho hecho así y asá, cuyos ejemplares se iban reconociendo, poco a poco.
Umberto Eco en Kant y el ornitorrinco.
El enfermero de las sonrisas, que se hizo amigo de mi padre desde el Cardiovascular, llega esta mañana con dos batas blancas, para que entre a Terapia a ver a mi papá. No hay restricción alguna, como enfermero él entra primero y me dice quién está. Cada quien anda en su asunto y Terapia Intensiva es una sala cualquiera. En la puerta dice Restringido el Paso, pero en Cuba eso no es verdad. Me pongo la bata y me enfilo derecho y luego a la izquierda firme, emocionada veo el semblante de mi papá.
Yo viví mis primeros años en casa de mis abuelos paternos. Mi padre de carpintero, ascendió a Jefe de Obra, siempre fue un hombre muy trabajador y de mucho coraje. El primer infarto le dio cuando vinieron los orientales, de albañiles, carpinteros, paileros, lo que se pudiera en la Habana, vivían en albergues encimados, con letrinas y baños de madera. También cargaban sus costumbres violentas y el machete era común que brillara en las broncas cotidianas. “ Son como animales”, decía mi papá. Sin embargo, su carácter nunca le acarreó problemas.
Cuando empezó lo de ganarse efectos electrodomésticos por méritos laborales, mi padre nunca alcanzaba. El iba a las asambleas y siempre al llegar a la casa empezaba el enfrentamiento con mi mamá: Pero ¿por qué no hablas?¿por qué no protestas?
Sin falta, ganaban los que pertenecían al Partido Comunista y a él no le interesaba esa filiación. “A mí me preocupan mis horas de trabajo, si hace falta me quedo más, siempre me quedo más, pero reuniones del Partido y hablar mierda, eso sí que no”.
Tenía yo cinco años cuando nos “colamos” en un departamento, en la madrugada, dormimos sobre un naylon extendido, cuchicheando mis padres y yo en un silencio que no puedo olvidar, no entendía ese viaje a oscuras y el forzar de la puerta por mi papá. Por la falta de viviendas, era común que familias emproblemadas se metieran por la fuerza “silenciosa” en la noche, en casas cuyos dueños se habían ido para Estados Unidos. Este era un cuartico pequeño, no recuerdo más. A la mañana siguiente, nos llevaron a la Estación de Policía. Alguien nos había delatado, por supuesto, no el dueño, sino uno de los quedados, “ojo y oído de la Revolución”. Después nos metimos en dos casas más. Donde yo vivía habían muchas casas vacías, años después le pregunté a mami por qué buscaban lugares tan feos y me dijo: Eramos jóvenes, necesitábamos poco y sólo te teníamos a ti. En una casa grande con un solo hijo, nunca nos iban a dejar.
En ese entorno, yo crecí, viendo a mi padre irse al trabajo y mi madre para la Estación de Policía una y otra vez. Con los años, nos colamos en una pequeña casa de un solo cuarto y una cocina comedor, bastante destruida. Papi ya trabajaba en la construcción y recuerdo las protestas de mi mamá, había empezado a trabajar de Listera con él y conocía todos los movimientos en la brigada. Los dos jefes que estaban por encima de mi papá, le habían construido casas a mujer, querida e hijos y mi padre, seguía sin robar. La taza de baño que hay todavía en esa pequeña casa, es de esa época, se la llevó porque estaba rota, se la dieron y la arregló. Alguien que lea esto y no los conozca, puede pensar: ¿Y tú hija de puta? ¿por qué no les tienes una tina de baño?¡un hidromasaje! Ellos emplean el dinero en comida, medicina, lo necesario nada más, así ha sido siempre durante años. Hay cubanos, yo lo creo, que sustentan la existencia sobre el Dios de las Pequeñas Cosas.
Un patio muy grande rodea esa casita allá, cultivan plátano, boniato, tomate y yuca, también hay mangos y guayaba, dice papi que la comida no le va a faltar y yo me como un bistec, después de quince años y se me hace un nudo, de verdad. Creo que la Revolución consiguió un gran propósito, como una mala madre, nos lanzó a vivir como animales, encandilados, mustios con miedo a cambiar. Creyendo que merecemos poco, por eso tenemos menos. Confiando en que todo el mundo allá afuera está peor y si no, escucha corderito hablar a una Mesa Redonda. La Revolución le hizo creer a mi papá, que debía vivir en un cuarto oscuro y callarse ante el descaro de unos jefes que robaban sin parar. Mi abuelo lo educó para que no fuera ladrón, la Revolución lo impulsó a vivir como animal. Y yo miro a mi padre, en esa camilla de hospital y recuerdo la época en que empezaron a construir refugios, “ante la amenaza del Imperio” y donde quiera abrían huecos en la tierra, contra aviones y bombas y otros cuentos más. Con picos y palas se metió un grupito en el patio. Mi padre agarró un machete y les gritó: ¡Quién me abra un huequito en esta tierra, lo parto en dos!
Luego le hicieron una amonestación pública, le chivatearon en el trabajo, lo señalaron en el CDR y él ni se inmutó. Siempre supo resguardarse de la mierda y vivir en su interior.
Miro y miro a mi padre, delgadísimo, luchando y yo con esa bata blanca, manteniendo la apariencia de una enfermera más. Y le pido disculpas, en silencio, porque un año antes de graduarme acepté ser militante de la UJC, “porque si no eres militante eso puede afectarte en el escalafón” y no valía mi segundo lugar por aprovechamiento académico, importaban los brazos levantados, los corderos del montón.
La historia se repite, papi. Somos un engendro de lo aparente, de la mentira, de la simulación. Este hospital no es gratis, padre mío, hemos pagado, con todo a esta mierda de Bicho que nos abortó.


4 Dime tú....:
Haga su comentario... pero ¿qué se puede comentar ante tanta barbarie?
Y que haya gente que siga hablando de Cuba como el paraíso socialista...
Estas son historias de gente común, la mayoría en Cuba, esa que no aparece en los libros de historia. Pensé que ya no venías, Goma
Me ha impresionado la historia, una de tantas, da una angustia paralizante. Ademas me lei la historia de tu amiga la doctora en mision en Venezuela...y uno se pregunta hasta cuando!
saludos,
Escribí uno de mis cuentos dedicados a los refugios. "http://cubadice.blogspot.com/2007/12/cuba-vienen-llegando.html" Vienen llagando.
Triste lo q cuentas y como lo cuentas...saluti desde Italia.
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